8M: Hay paridad en número de legisladoras, pero no en las posiciones de poder en el Congreso

En la actual legislatura del Congreso de la Unión hay paridad de género, pero sólo en número, porque aunque exista el mismo número de mujeres y hombres en ambas cámaras ellas no están ocupando la misma proporción de posiciones clave para la toma de decisiones.



En la Cámara de Diputados es más visible la diferencia. No hay ninguna mujer coordinando al menos una bancada de los 7 partidos, y por lo tanto en la Junta de Coordinación Política (Jucopo) -el principal órgano de gobierno- tampoco hay mujeres, solo hombres.


En el Senado, la Jucopo es presidida por un hombre, se complementa con siete más y tres legisladoras. De las bancadas de los partidos, solo dos son lideradas por mujeres, las del PT y Encuentro Social, cuya presencia es minoritaria, con solo 8 escaños.


Si bien las comisiones del Congreso, los órganos mediante los que se elaboran dictámenes, informes y resoluciones, son presididos por mayoría de mujeres: de las 56 comisiones en el Senado, 31 las presiden mujeres y de las 51 comisiones en la Cámara de Diputados, 26 las lideran mujeres, ellas no están al frente de comisiones clave, como Hacienda, Energía, Economía, Justicia, Marina, Defensa Nacional.


“Las mujeres ocupan posiciones que en la literatura han nombrado de ‘menor poder’, eso se sigue reproduciendo. Empíricamente podemos ver que esto aún persiste”, señala la investigadora del Instituto Belisario Domínguez del Senado, Lorena Vázquez.


El que las mujeres no estén presidiendo esas comisiones además de excluirlas las estigmatiza, agrega Adriana del Rosario Báez, investigadora y directora consultora de la plataforma Buró Parlamentario.


“¿Por qué una mujer no va a saber de dinero, de justicia? Se reproducen roles de género. Nos ponen (a las mujeres) como símbolo en las Mesas Directivas del Congreso, que nada más lo que hacen es dirigir las sesiones del Pleno, pero no nos ponen donde se toman las decisiones de la agenda. En el manejo de la agenda es donde debe haber paridad”, opina.


La especialista considera que los partidos deben promover la integración de las mujeres, especialmente al frente de las bancadas y las Juntas de Coordinación Política, aunque señala lo complejo de ese objetivo, obstáculos y resistencias al interior del Congreso.


“Queremos el lugar, pero también queremos el poder, no solamente es un tema de espacios, o de tener 50 de 100 espacios, sino el poder que implican esos espacios, que podamos estar en la toma de decisiones, que podamos estar en las Mesas Directivas, en las comisiones importantes, en las coordinaciones de las bancadas, en las Juntas de Coordinación Política, en donde realmente se tomen decisiones, me parece que vamos hacia allá, hay que deconstruir muchos roles asignados”, opina la senadora panista Kenia López Rabadán.


En 2021 hubo 14 estados donde los congresos locales alcanzaron una proporción más alta de mujeres, en niveles casi de 60%, como en Ciudad de México, Oaxaca, Chiapas y Michoacán, lo que de acuerdo con la investigadora Lorena Vázquez es un ejemplo de que la paridad no debe ser interpretada como un tope máximo.


“No es que lleguen al 50% y ya no puedan tener más, es un piso mínimo, es decir, mínimo tienen que lograr un 50% pero pueden lograr más. Empíricamente podemos ver cómo la ley no está limitando a las mujeres para que puedan tener más de 50% de los lugares en las legislaturas”, explica.


Sin embargo, tal como ocurre en el Congreso federal, los principales cargos de toma de decisiones están en manos de hombres.


Una investigación de Buró Parlamentario encontró que del total de líderes de bancada en el país en los congresos locales menos de 25% son mujeres.


En “tan solo 5 de los 32 congresos locales (15%) alguna legisladora preside la Junta de Coordinación Política, que es el máximo órgano de negociación partidaria y de decisión política en las asambleas”, refiere su análisis.



La evolución de la presencia de las mujeres en el Congreso de la Unión ha sido lenta, tuvieron que pasar más de 60 años para que existiera paridad de género. Aurora Jiménez fue la primera mujer en asumir una diputación federal, en 1954.

En el Senado la evolución tomó más tiempo, hasta 1964 se integraron a un escaño las dos primeras mujeres: María Lavalle Urbina y Alicia Arellano Tapia.


En años posteriores el camino a la equidad tuvo altibajos. Por ejemplo, en 1982 en la Cámara de Diputados la presencia de las mujeres era de 10.5% y en el Senado de 9.4%, y casi 10 años después, en 1991, disminuyó a 8.8% y 3.1%, respectivamente.

En 1993 y 1996 se modificó el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales para que las mujeres tuvieran mayor participación en el Congreso, y no se excediera el 70% de integrantes de un solo género. Esas reformas incrementaron su presencia.


En el año 2000 había 84 diputadas y 38 senadoras, lo que se traducía a 16% y 18% de su participación en sus respectivas cámaras.


En 2010 era casi del doble, representando 31% y 23%, y en 2015 el 37% de mujeres

ocupaba la Cámara de Diputados y el 34% la de senadores. Aún así no se alcanzaba la cuota de paridad y eso no evitó que hubiera simulaciones.


El caso más famoso fue el de 2009, en el que ocho diputadas federales electas cedieron su puesto a hombres apenas tomaron posesión del cargo. Para la Legislatura 64, de 2018, por primera vez se alcanzó la paridad, 49% de mujeres estaban presentes en San Lázaro y 51% en el Senado, y en 2019 se reformó la Constitución para que las mujeres ocuparan la mitad de los cargos políticos en los tres poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial), y que eso se aplicara a nivel federal, estatal y municipal.


En la actual legislatura los niveles son 50% y 50%, es decir, ya hay 250 diputadas y 64 senadoras.


En legislaturas recientes también se ha observado la presencia de más mujeres en Mesas Directivas, el órgano de gobierno encargado de que las sesiones en el pleno se desarrollen adecuadamente.


En esta legislatura 65, la Mesa Directiva del Senado es presidida por Olga Sánchez Cordero, dos vicepresidentas, siete secretarias y dos secretarios.

En San Lázaro está integrada por un presidente, un vicepresidente, dos secretarios, dos vicepresidentas y seis secretarias.


La diferencia en la integración es significativa si se considera que en el primer año de la legislatura 60, en 2006, en la Mesa Directiva del Senado la presidencia, dos vicepresidencias y dos secretarías estaban ocupadas por hombres, y sólo había una vicepresidenta y dos secretarias.

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