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América Latina debe producir sus vacunas si quiere superar la pandemia de COVID: Unesco

Para superar la pandemia de COVID, América Latina tendrá que producir sus propias vacunas, así lo señala un informe presentado este jueves por Unesco sobre los desafíos, necesidades y oportunidades ante esta enfermedad y la vacunación.



Los problemas de los laboratorios fabricantes para cubrir toda la demanda mundial de vacunas retrasará las entregas especialmente a regiones como América Latina, donde se podría completar la inmunización del 70% de la población hasta 2022, cuando los países europeos y de América del Norte estarían ya en una segunda ronda con los biológicos de refuerzo.


La demanda proyectada de vacunas contra COVID para 2021, dice el informe, es cercana a los 11 mil 500 millones de dosis, solo para cubrir al 75% de la población mundial y alcanzar la inmunidad de rebaño. Pero las compañías farmacéuticas han manifestado que solo podrán producir alrededor de 9 mil 500 millones, 18% menos de lo requerido.


Y eso en el mejor escenario. Un estudio reciente del Fondo Monetario Internacional (FMI) indica que al finalizar este año, la industria farmacéutica sólo habrá producido 6 mil millones de dosis, un 48% menos que lo proyectado.


A eso se agrega el problema del acceso desigual a estos biológicos. Treinta y cuatro países (Canadá, Reino Unido, Australia, Chile, Suiza, Nueva Zelanda, Israel y los 27 Estados miembros de la Unión Europea) han anunciado públicamente acuerdos de compra que garantizarían la inmunización de toda su población al menos dos veces.


Mientras tanto, dice el informe, en los países de bajos ingresos financieros esta situación supone que no contarán con una cobertura suficiente de vacunas sino hasta el año 2023.


Las proyecciones indican que incluso países como México, Brasil, Argentina, Colombia y Perú no lograrán la vacunación con el esquema completo del 70% de su población antes de que termine el año 2021, umbral que ha sido propuesto como el indicado para alcanzar la inmunidad colectiva o de rebaño.


Para superar la pandemia, se señala en el informe, es necesario que la región no dependa de la provisión externa de vacunas y eso solo será posible si los países cooperan para apoyar proyectos que surgen regionalmente, creando estrategias de intercambio de experiencia y apoyo tecnológico y forjando alianzas de suministros regionales.


Pero la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha identificado una serie de obstáculos para acelerar la producción masiva de vacunas en América Latina y El Caribe, entre ellos, la falta de infraestructura, la escasez de materias primas, las restricciones de exportaciones y los derechos de propiedad intelectual sobre las vacunas.


Existe una iniciativa ante la Organización Mundial del Comercio liderada por India y Sudáfrica, apoyada por Estados Unidos, Naciones Unidas y diferentes organizaciones de la sociedad civil, para autorizar una exención temporal a los derechos de propiedad intelectual de las vacunas COVID durante la pandemia.


Estas excepciones, refiere el informe de Unesco, pueden ser una oportunidad para ayudar a incrementar la producción de vacunas a mediano y largo plazo, si van acompañadas de un fuerte proceso de transferencia del conocimiento, cooperación entre países, inversión sostenida, trabajo intersectorial, y un fuerte compromiso de potenciar las capacidades de producción y tener buenas prácticas de manufactura.


En la región, Cuba, Brasil y México se encuentran entre los 20 primeros fabricantes en el mundo de vacunas para diferentes enfermedades no COVID. México produce el 35% de su demanda, aunque por ahora solo se enfoca en polio oral y difteria y tétanos (TD).


Pero BIRMEX, el laboratorio del gobierno, puede producir hasta 100 millones de vacunas al año y ya ha establecido un programa de transferencia tecnológica con Sanofi Pasteur para producir vacunas como la de la rabia, polio oral e influenza.


Esa capacidad instalada, puntualiza la Unesco, podría ampliarse y adaptarse para la producción de algunas de las vacunas COVID en el mediano y largo plazo, por ejemplo, las de virus atenuado (Sinovac y Sinopharm).


Sin embargo, se debe tener cierta cautela puesto que no se puede desatender la producción de vacunas para las demás enfermedades que así lo requieren. Lo principal a prever entonces sería una inversión que permita expandir la capacidad instalada.


Los que ya entraron a fabricar

En la carrera por tener vacunas COVID, Argentina, Brasil y México son productores parciales o totales de algunos de los biológicos contra el coronavirus, en ciertos casos pensadas para ayudar a abastecer a la región, pero en número insuficiente para las necesidades actuales, dice el informe de Unesco.


El proceso de producción de la vacuna de Oxford-AstraZeneca inició como una cooperación entre Argentina y México, la meta proyectada es producir 250 millones de dosis para abastecer a la región.


En el caso de México, además de la producción parcial de esta vacuna junto con Argentina, también producirá completamente la vacuna Sputnik V, a partir del mes de junio de 2021.


Al mismo tiempo, algunos países están haciendo esfuerzos en la investigación y desarrollo de vacunas propias contra el coronavirus. Hay iniciativas avanzadas en Brasil, Cuba y México, y otras en fases más tempranas en Argentina, Chile y Colombia.


En México, el Laboratorio Avi-Mex S.A inició el 4 de mayo de 2021 un estudio fase 1 en el que espera reclutar 90 voluntarios sanos para probar una vacuna con vector recombinante de una subunidad proteica del SARS- CoV-2.


Cuba ya tiene dos vacunas propias, basadas en subunidades proteicas del SARS-CoV-2 y se prepara para ensayos clínicos de una nueva fabricada en colaboración con China (conocida como Pan-Corona), que se dirigirá a partes menos mutagénicas del virus para combatir las nuevas variantes.


Argentina está trabajando en una propuesta en fase preclínica de una vacuna de subunidad proteica, mientras que Chile está dotando laboratorios con este mismo objetivo.


Colombia, en una unión de cooperación del sector público y privado, ha iniciado estudios para la fabricación de una vacuna propia que consideran podría estar disponible en 18 a 24 meses.


Los países, desde ahora, recomienda el informe de Unesco, podrían acordar la participación en ensayos clínicos en estos proyectos, promover cooperación tecnológica, transferencia de conocimientos y hacer acuerdos de suministros.


Estas primeras iniciativas que están surgiendo en la región, señala Unesco, podrían contar con mayor apoyo técnico y financiero internacional, para lo que habría que explorar establecer acuerdos de cooperación, no solo intraregión, sino también con entidades científicas extra-regionales, así como buscar formas de financiamiento innovadores por parte de la banca multilateral a iniciativas que tengan destino regional, y no solo a nivel de un país.


También se requiere que los organismos internacionales promuevan una mayor cooperación e intercambio de experiencias entre las iniciativas y proyectos de vacunas que están surgiendo, de tal manera que se potencien las capacidades y se forjen alianzas para optimizar la producción en la región más golpeada por el coronavirus.

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