Crecí en una cultura machista, pero estoy en contra de la violencia. De aquí nace mi lucha

A quienes me han señalado de misógino ahora que he iniciado este movimiento hacia el combate de la impunidad que los golpeadores de mujeres compran en la Fiscalía General del Estado, les quiero responder ahora mismo:



En primer lugar es cierto el señalamiento: lo soy.


Por eso no me defendí ni eliminé su comentario, pero al ser reiterados sus ataques, simplemente los eliminé de mis contactos, porque me causaban profunda depresión: me golpeaban en lo más profundo de mi alma, por ser cierta su afirmación: es imposible que yo haya sido formado de otro modo.


El ambiente donde nací es de un machismo patriarcal tan acendrado y haber vivido 13 años ahí hicieron de mí mucho de lo que soy y señalan.


Chequen nada más cómo se manifiesta el machismo en mi tierra, Emiliano Zapata, municipio de Bella Vista, Chiapas.


Cuando una mujer le es infiel a su esposo, éste y todos sus hermanos le tundan a patadas, pero el marido sí puede traicionar a su esposa las veces que quiera y con absoluto descaro.


En mi tierra, hay señores que tienen dos esposas viviendo en su misma casa. Los hay quienes tienen a madre e hija y los hay quienes tienen a dos hermanas como esposas, y nadie dice nada: a todo mundo le parece algo absolutamente normal y cotidiano. ¡Qué contraste!


En mi tierra, las mujeres no pueden heredar tierras ni convertirse en ejidatarias por el simple hecho de ser mujeres. La herencia en materia de tierras y derechos ejidales sólo se da de padre a hijo y nada más.


En mi tierra, todavía se acostumbra no enviar a las hijas a la universidad por este argumento: el único título que van a traer de dicha institución será un marido o bien un hijo, o ambos.


"¿Para qué te mando a estudiar si me vas a salir con tu domingo 7?; mejor no gasto mi parque en pijuy".

En mi tierra, los esposos sienten tener los derechos adquiridos desde hace milenios para golpear tantas veces quiera a su esposa y si no lo hace es porque se trata de un hombre dejado y que se deja montar por una mujer.


En mi tierra, las mujeres no pueden colgar su ropa en el lazo en donde se cuelga la ropa de los hombres ni mucho menos si debajo de ese colgadero pasan niños, jóvenes o adultos hombres. Si por algún error una mujer deja colgadas sus prendas ahí, y ocurre que un niño pasa por debajo de ellas, éste termina siendo muy regañado con las siguientes palabras:

"chamaco tonto, debes fijarte por dónde pasas, ¿es que no te das cuenta que ahí hay una falda y unas pantaletas y estás pasando debajo de ellas? Por eso te vas a hacer más tonto".

Pero la mayor regañiza es para aquella mujer que haya colgado su ropa a secarse ahí, pues su deber es ponerla a secar por donde no pase ningún caballero, para que no le afecte a su "inteligencia" (¡vaya tontería!).


Estas y muchas otras manifestaciones de machismo y misoginia ocurren en la tierra donde yo nací y por eso mi educación es profundamente machista y misógina. Digámoslo de este modo: soy misógino hasta sin darme cuenta de ello.


Pero lo que también es cierto es que he venido trabajando para desmantelar mi cultura machista y misógina desde que comencé a leer la revista FEM, hace varias décadas.


También es cierto que he sido una persona no violenta desde que leí a Martin Luther King, Mahatma Gandhi y gracias a que mi padre también lo fue: mi madre siempre fue respetada en su dignidad y jamás fue golpeada; ella no conoció ningún tipo de violencia familiar.


Entonces lo que sí predomina en mi formación humanista es la cultura de la no violencia y es contra la cual me estoy manifestando al denunciar a los maridos golpeadores de mujeres. Soy convicto y confeso de la no-violencia y voy a combatir la sí-violencia cuando alguna mujer decida romper el silencio y salir del infierno del machismo y la misoginia que sufra en su hogar.


Y estoy seguro que en este proceso voy a ir desmantelando mi cultura misógina porque el programa "Enfoque F, un Espacio con Perspectiva de Género" me ha llevado a leer a filósofos y filósofas feministas, quienes me están enseñando las diferentes manifestaciones de machismo y misoginia y los diferentes feminismos que hay en el mundo.


A quienes terminaron de leer este texto hasta aquí les pregunto si mi cultura machista y misógina invalida o no mi lucha contra la violencia familiar.


Cualquiera que sea su respuesta supongo que tengo derecho a debatirla, siempre en un marco de respeto.


Disraelí E. Ángel Cifuentes

FSUR

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