Cruzaron a EEUU por Tamaulipas, en unas horas los expulsaron por Ciudad Juárez

En una fila al pie del puente internacional Paso del Norte, decenas de migrantes esperan su traslado a un albergue en una oficina del Instituto Nacional de Migración, ubicada a un costado del carril peatonal que une a esta ciudad con El Paso, Texas.


Fotografías: REY R. JAUREGUI

La mayoría son padres y madres que tienen a sus hijos en brazos, mientras sostienen la mirada perdida con sus ojos cristalinos por lágrimas contenidas. El llanto de los niños es ahogado por el ruido de automóviles acelerando y el ajetreo de los peatones que atraviesan por el cruce internacional.


Este viernes a temprana hora entraron a Estados Unidos (EEUU) por la frontera de Reynosa, Tamaulipas, y se entregaron a autoridades estadounidenses para pedir asilo; sin embargo, para las tres de la tarde, ya habían sido expulsados a territorio mexicano a más de mil kilómetros de distancia de donde cruzaron.

“Cuando menos pensamos ya estábamos de vuelta en México”, dice Rosa, una migrante de Guatemala, que arribó a esta frontera luego de cruzar México con su hija de tres años para pasar por Tamaulipas.


Narra que al ingresar a Estados Unidos y entregarse a los agentes de la Patrulla Fronteriza, en las oficinas de migración en McAllen, Texas, les tomaron fotografías y sus huellas dactilares. Después los subieron a un autobús y finalmente a un avión sin darles más información.


Unas horas después estaban en El Paso, Texas, y finalmente en Ciudad Juárez.


En las últimas dos semanas migrantes que cruzaron a territorio estadounidense por otras comunidades fronterizas, como Matamoros y Reynosa, son trasladados a El Paso para ser procesados y deportados por este puerto en el oeste de Texas.


Rubén García, el director del albergue de migrantes Casa Anunciación, declaró el 8 de marzo que desde ese lunes El Paso iba a recibir dos vuelos por día transportando 135 migrantes cada uno para ser procesados en las oficinas aduanales, según reportes de El Paso Matters.


Los migrantes que ingresan por puertos de entrada en el sur de Texas son transferidos a otras ciudades fronterizas como El Paso, Del Rio y Laredo, de acuerdo con la información.


Esta situación y la creciente llegada de migrantes que se desplazan a la región con la intención de internarse a Estados Unidos han convertido a comunidad fronteriza en un punto de concentración masiva de migrantes, que ha alertado a autoridades y grupos promigrantes en ambos lados de la frontera.


Adriana Cadena, coordinadora de la Alianza de Reforma Migratoria para Texas (RITA, por sus siglas en inglés), dice que es “poco realista trasladar a migrantes de una frontera a la otra”.


“El procesamiento de individuos ha sido muy caótico y esta administración no estaba preparada para manejar esta situación”, afirma Cadena, durante una conferencia de prensa virtual que este viernes ofrecieron organizaciones y líderes de El Paso a favor de los derechos de migrantes.



“Creo que hay oportunidades para hacer esto mejor y hay soluciones diferentes”, dice, “eso es en lo que tiene que trabajar esta administración ahora”.

En esa misma conferencia, la congresista demócrata Verónica Escobar, habló del trabajo que organizaciones de El Paso han hecho para recibir a migrantes en la región y la necesidad de dedicar fondos para un sistema migratorio seguro y eficaz.


“Los migrantes que están huyendo por sus vidas y huyendo de situaciones que son insostenibles por ellos no están haciendo esto porque es un viaje fácil o porque sea su primera opción. Esta es su última opción”, dice Escobar.


A metros de distancia de la conferencia, en el puente internacional, Rosa da sus datos a una oficial mexicana de Migración y pide medicamento para su hija. Estaba rodeada por cerca de 10 familias, con algunas personas tosiendo bajo los cubrebocas que les brindó el Grupo Beta al arribar de este lado de la frontera.

Al acercarle un termómetro digital, un oficial le dijo que no se preocupara, ya que su hija tenía una temperatura de solo 37 grados. Rosa la cargaba apoyándola en sus piernas, mientras la menor comía dulces que agentes aduanales le habían dado.


“Ni siquiera nos dieron entrevista ni oportunidad para llamar a un familiar, solo nos tomaron las huellas y nos llevaron” dice Rosa rompiendo en llanto. La migrante partió de Guatemala hace quince días por la falta de empleo y miedo a grupos delictivos.


“Allá no hay trabajo y uno no tiene donde vivir”, comenta Rosa. “Decidir a viajar es la única opción que le queda a uno.” FSur (Con información de VERÓNICA MARTÍNEZ / LA VERDAD)

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