De “brujas” a sanadoras: la labor de parteras se eleva con COVID y los hospitales al tope en Chiapas

Chiapas, 3 de diciembre (Chiapas Paralelo).– Raquel se sujeta con vehemencia del pecho de su madre. Mama suavemente mientras observa curiosa con el rabillo del ojo. Nació el 5 de junio, cuando en el estado de Chiapas los contagios de COVID-19 se encontraban en su punto más alto. A su madre, maestra del municipio de San Andrés Larráinzar, el parto la sorprendió durante la pandemia.



Ella tenía cita para el nacimiento de su hija en el Hospital de Las Culturas, de la ciudad de San Cristóbal de Las Casas; decidió no acudir por miedo a contagiarse de COVID. Venció sus prejuicios y llamó a una partera para que la asistiera.


Raquel fue una de los dos mil 868 infantes nacidos con partera en el municipio de San Andrés Larráinzar, durante los primeros seis meses de la pandemia; una cifra siete veces mayor que el promedio de partos asistidos en esa localidad, por estas mujeres de manos firmes y sabias. Su trabajo se multiplicó.


La pandemia ha traído mucho dolor para la humanidad, pero también ha sido un punto de inflexión y reconocimiento de prácticas y formas de vida desdeñadas por la cultura eurocentrista, que desdibuja el conocimiento de los pueblos originarios.

La pandemia ha traído mucho dolor para la humanidad, pero también ha sido un punto de inflexión y reconocimiento de prácticas y formas de vida desdeñadas por la cultura eurocentrista, que desdibuja el conocimiento de los pueblos originarios.

Las parteras se colocaron en estos meses, como ejes de vidas y sanadoras en medio de la tragedia. Ahora, señala Lucía Silva Martínez, una de las fundadoras de la organización Camati-Mujeres Construyendo desde Abajo, “podemos decir: aquí está el trabajo de las parteras, y es momento de que salga a la luz todo lo que hicieron durante la pandemia”.

Las parteras se colocaron en estos meses, como ejes de vidas y sanadoras en medio de la tragedia. Ahora, señala Lucía Silva Martínez, una de las fundadoras de la organización Camati-Mujeres Construyendo desde Abajo, “podemos decir: aquí está el trabajo de las parteras, y es momento de que salga a la luz todo lo que hicieron durante la pandemia”.

Lucía es hija de partera, nació en el municipio de La Trinitaria, ubicado en la zona fronteriza entre Chiapas y Guatemala. Ella recuerda el dolor de las mujeres durante los partos, y el dolor de las parteras ante la discriminación.


Desde los 13 años se hizo promotora de salud, más tarde intentó estudiar Medicina en la universidad, pero reviró el camino porque sentía la necesidad de reivindicar la figura de la partera.


Desde entonces ha trabajado en las montañas de Guerrero y en las comunidades de Chiapas. En su camino conoció a Ofelia Pérez, originaria de Chenalhó y hablante de tsotsil; a María de la Luz, también indígena de la Ranchería San Rafael, ubicada en Comitán; y a Olga Barrera, de San Miguel de Allende, Guanajuato.


Ellas tienen en común el haber encontrado su don -como le llaman a su vocación, habilidades y conocimiento- siendo adolescentes. Un don que se les manifestó en sueños, en los que se veían a sí mismas pariendo, o ayudando a parir a otras mujeres; sueños donde aprendían a sentir a los bebés aún no nacidos, y a acomodarlos para el momento del alumbramiento. “Antes de que me capacitaran, yo ya era partera”, cuenta María de la Luz.


La vida las hizo conocerse, y coincidir. Ellas conciben a la partería como parte del reconocimiento integral hacia el cuerpo de la mujer y su autonomía sobre él, en el reconocimiento de los derechos sexuales y reproductivos, en la reivindicación del conocimiento de la medicina tradicional y los saberes de las abuelas.


Con información de: Sin embargo

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FSUR

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