De las palabras a la violencia sexual y los golpes: relatos de la violencia machista

“Julia” tiene 26 años. Terminó huyendo de la casa que compartía con su pareja, después de 3 años de relación, con miedo de terminar aumentando la estadística de que 10 mujeres son asesinadas al día. Pero antes de llegar a ese nivel de miedo recorrió un camino de violencias psicológicas y verbales que fue creciendo poco a poco.



“Empezó a decirme que me quería mucho, que me protegía. Que si me pedía mi ubicación era porque se preocupaba por mí. Pero después fui entendiendo que lo que él quería era mantenerme pues todo el tiempo con él, alejada de las personas que yo quería, de mi familia”, contó en un audio facilitado por la Red Nacional de Refugios.


Como ella, casi 35 mil mujeres han pedido ayuda a esa organización desde marzo pasado, y 740 mil han llamado al 911 por algún tipo de violencia familiar, de pareja o sexual.


Este año, el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer que se conmemora el 25 de noviembre ocurre en un contexto sin precedentes por el confinamiento al que ha obligado la pandemia de COVID-19, y que ha agravado y hecho más visible que nunca la violencia que ocurre dentro de los hogares, alertó la ONU. “Es la pandemia en la sombra que crece en medio de la crisis de la COVID-19”.


Los feminicidios son la expresión más radical de las agresiones contra las mujeres, pero la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia reconoce cinco tipos de violencia: psicológica (desde celos, abandono, infidelidad, humillaciones o insultos), física, patrimonial (por sustracción o destrucción de documentos, vienes, valores y derechos), económica (si limita o controla el ingreso hasta afectar la supervivencia económica) y sexual. Además de cinco modalidades en las que se puede sufrir: en el ámbito familiar, en el laboral y docente, en la comunidad, violencia institucional y política.


El Banco Nacional de Datos e Información sobre Casos de Violencia contra las Mujeres (Banavim) registra 735 mil casos desde su creación, en 2010, de las que la gran mayoría, arriba de 500 mil, refirieron haber sufrido violencia psicológica. Mientras que según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), la violencia por la que más han aumentado las denuncias en los últimos años es la sexual, tanto por abusos como por violación.


Julia, 26 años

“Cuando teníamos reuniones antes de esto pues yo antes hablaba y decía lo que pensaba, pero él siempre se burlaba o decía que no era cierto, que yo mentía, que quería quedar bien. Y de pronto ya mejor me quedaba callada, ya no hablaba, ya no conversaba.


“Empieza a controlarte cómo hablas, cómo te vistes, qué haces, cómo lo haces, qué dices… Hasta que llega un momento en que ya no puedes hablar, ya no puedes ser tu misma. Empezó a decirme que realmente me comportara como una mujercita, que estuviera en mi casa, que no me vistiera así, que yo provocaba todo. Y de pronto, los insultos: eres una tonta, eres una inútil.


“Cuando fue lo del confinamiento, pues resulta que él se quedó más tiempo en la casa. Yo dejé de trabajar porque soy maestra y en un momento yo no tenía actividades, después todo el tiempo era estar vigilando con quién estaba yo en el zoom, si eran mis alumnos o era alguien más.


“Hasta que un día me salí de bañar y cuando vi, estaba revisando mi ropa interior y me decía que me faltaban unas pantaletas. Le dije que no, que estaba loco. Y bueno, empezó a insultarme, a decirme que cuando él se iba yo metía a hombres, y me dijo algo que me preocupó mucho, porque me dijo que yo no iba a salir, con una grosería, me iba a quedar ya con él para siempre, y al fin y al cabo no podía por la pandemia.


“Durante el matrimonio, este hombre hacía todo por anularme y relegarme de las tareas de cuidado y hoy sé la razón: buscaba romper el vínculo entre mis hijas y yo; sin embargo, le fue imposible y gracias a la confianza pudieron narrarme la violencia sexual que vivieron.


“Es indescriptible el dolor e impotencia que una madre puede sentir…

“Como madre cuidas a tus hijas de todos, menos de su propio padre. ¿Cómo iba a saber que por ello quería que trabajara con horarios imposibles? Todo el tiempo me decía que debía ser el ejemplo de mis hijas, y que él las cuidaría mientras yo no estuviera, o que podía irme tranquila.


“Y no solo eso; hoy sé que fueron amenazadas para no hablar y que los eventos fueron desde varios años atrás.


“Al día siguiente de haberme enterado, acudí a la Fiscalía para denunciar, y por si fuera poco lo que vives, te encuentras con funcionarios públicos carentes de empatía que no dejan de mirarte como un expediente más.


“Desde entonces mis hijas tienen terapia psicológica de manera ininterrumpida. Ha transcurrido más de una año sin que la Fiscalía ejerza acción penal, aún y cuando existen datos de prueba suficientes, dictámenes públicos y privados, informes de sus terapeutas, la identificación de los lugares en los que fueron violentadas… Pero lo más importante, su dicho frente a las autoridades: ambas narraron de viva voz las aberraciones ante el Ministerio Público, peritos y demás especialistas.


“Hoy las veo fuertes, seguras y más conscientes que nunca. Ninguna niña debe vivir esto. La culpa y vergüenza deben estar destinadas sólo para aquellos monstruos que atentan en su contra”.


Con información de: Animal político

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FSUR

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