El trabajo doméstico de las esposas debe tener un valor económico dentro del hogar. Valor monetario.

Sea porque el esposo no quiere que ella trabaje (lo cual ninguna mujer debería aceptar) o sea porque ella momentáneamente no encuentra un trabajo fuera del hogar, la labor doméstica de la esposa debe ser regulada.


En primer lugar debe tener un valor económico y yo sugiero que sea el 50% del salario del marido o pareja. Y eso podría quedar estipulado en las capitulaciones matrimoniales firmadas ante notario público.


En segundo lugar el número de horas no debe rebasar las 8 horas diarias y se debe considerar un día de descanso semanal, además de los días de asueto marcados en la ley federal del trabajo.


De otro modo el trabajo doméstico de las esposas cae en la semiesclavitud, tan cómoda y beneficiosa para los machos del patriarcado. Para nosotros.


Preparar el desayuno se toma por lo menos dos horas, preparar la comida otro tanto y preparar la cena también, por lo que sólo allí la mujer invierte 6 horas de labor intensa.


Porque no sólo incluye la preparación del alimento sino también servirlo y, además, limpiar los trastes que se hayan ensuciado en la elaboración y después de comer. Solo lavar los trastes puede llevar hasta una hora por cada sentada.


Las otras dos horas bien pueden ser las del aseo del piso, lavar la ropa, plancharla, colocarla en el clóset, etc, o solo alguna de éstas, hasta sumar dos.


¿Y qué con el cuidado del bebé recién nacido que depende de ella hasta que comienza a ir a la secundaria? Generalmente son actividades que realiza la madre y que nadie valora ni incluye en un presupuesto familiar. O sea, seguimos con el tema de la semiesclavitud.


¿Y su aguinaldo? Que le corresponda la mitad del aguinaldo del esposo.


Sólo son ideas o propuestas que pueden irse trabajando y mejorando, pero el objetivo es que poco a poco las esposas dejen de ser las esclavas del hogar.


A las esposas se les exige que sean perfectas. Y ser perfectas implica convertirse en semi esclavas del esposo, de sus propios hijos, del suegro, de sus padres o abuelos, y cuando el marido toma licor en casa hasta esclava de los amigos de éste.


Y como la esposa no tiene ningún salario que reciba de alguna empresa externa entonces ella se ve en la necesidad de suplicar y extender la mano para que el marido le apoye cada semana o cada mes.


¿Y si el marido le mide los recursos porque piensa que a la mujer ni todo el amor ni todo el dinero? Aunque realmente se cae en el delito de violencia familiar en su modalidad de violencia económica, en realidad esas restricciones económicas se toman como pecata minuta y la semiesclavitud se sigue prolongando eternamente.


Porque mientras más dinero gane el esposo y menos gane ella, mayor es la violencia hacia la mujer, y menos dispuesta se siente para interponer una querella contra el marido violento, ya que éste es el ”proveedor".


Y encarcelar al marido puede significar el pasar penurias económicas, inclusive hambre..



Pero si ella tiene idénticos ingresos que el hombre al que le sirve de criada, merced a este acuerdo de las capitulaciones matrimoniales, hasta podría tener algunos ahorros y evitar ese sometimiento por falta de ingresos.


¿Y si la esposa trabaja profesionalmente o como asalariada y gana su propio dinero?


Entonces la labor doméstica del hogar deberá hacerla una tercera persona, o entre ambos. Y si le tocara nuevamente a ella, como siempre ocurre, que sea por tres cuartas partes del salario del marido, pues estaría cumpliendo horarios extras.


La esposa también debe disfrutar de ratos de ocio y esparcimiento, para la práctica del deporte o para crecer intelectualmente.


Sólo son reflexiones y propuestas que se pueden ir puliendo si cada quien aporta sus propias ideas, experiencias y análisis para tratar de ir construyendo un mundo cada vez más incluyente y de cero violencia familiar para las esposas.


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