La historia de Rosalba Cifuentes, contada por ella misma

Herida en su alma, Rosalba Cifuentes Tovía se fue odiando a México rumbo a los Estados Unidos, siendo una niña.



Había sido violada sexualmente a los cinco años y obligada a convertirse en esposa de su tío, mayor de 60 años; un sucio pederasta.


Sus padres fueron a querellarse, pero los ministerios públicos no hicieron nada, ni siquiera abrieron un expediente penal sobre el caso. Había paga de por medio.


Como no obtuvieron apoyo de las instituciones, de ninguna, el padre de la menor intentó ir a rescatar a su pequeña hija, machete en mano, pero no pudo: le respondieron a balazos, y cerca estuvo de perder la vida en el intento.


Como de todos modos el padre intentó seguir luchando, solo, sin apoyo de ninguna autoridad, el violador de su hija lo asesinó o lo mandó matar, no se sabe a ciencia cierta, simplemente el cuerpo del padre de Rosalba apareció en un pozo: bien muerto.


La madre de Rosi acudió nuevamente en el ministerio público para que se investigara el homicidio, y tampoco le hicieron caso, por las razones de siempre: Había paga de por medio.


¿Qué podía hacer la niña frente a un hombre violador y asesino? Sólo callar y soportar el infierno.


Y así fue, se convirtió en esposa de su tío siendo una niña y tan pronto comenzó a menstruar se convirtió en mamá, a los doce años, y luego, una vez más, a los 14. Tenía rostro de niña, cuerpo de niña y voz de niña: era una niña, pero era madre de dos niñas, todas viviendo bajo el yugo de un hombre violador y asesino, que estuvo operando con absoluta impunidad hasta que murió por enfermedad y ser de edad avanzada.


Sólo así ella pudo liberarse y a la primera oportunidad huyó del país, rumbo a los Estados Unidos de América, donde comenzó a trabajar lavando platos en un McDonald's pues no sabía leer ni escribir.


Entrevista completa:


Su jefa directa le enseñó las primeras letras y el valor de las monedas, luego la metió a la escuela y aprendió un poco más, para ir ascendiendo en la empresa que la contrató, hasta lograr ahorrar y hacerse independiente.


Ahora Rosalba es emprendedora y ha vuelto a Chiapas con su empresa a procesar café y lo exporta a Canadá, Alemania, Holanda y otros países, beneficiando a los productores chiapanecos con mejores precios de su café.



A pesar de que México le dio la espalda a ella, Rosalba está volviendo a querer a nuestro país, pero no todas las historias tienen un final feliz: otras mujeres simplemente terminan asesinadas y exhibidas en plena calle, con sus partes pudendas expuestas al Sol.


Las instituciones procuradoras e impartidoras de justicia de México debe cambiar cuanto antes sobretodo si se trate de violencia de género, y el tema principal es evitar que los fiscales del ministerio público se corrompan al iniciar una carpeta de investigación o al continuar con las pesquisas.


¿Cómo evitar que el dinero de los violadores y golpeadores de mujeres sirvan para comprar impunidad? Es la pregunta de los 60 mil.


Disraelí E. Ángel Cifuentes

FSUR

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