¿Qué implica el aumento del IVA a las plataformas digitales?



En un contexto de incertidumbre, los gobiernos de todas las naciones del mundo han tenido que implementar medidas extraordinarias para paliar tanto el aumento descontrolado de casos por la pandemia de COVID-19, como los efectos secundarios que la súbita inactividad productiva ha generado a lo largo de las economías globales.

México es heredero de un sistema fiscal frágil que, como el resto del continente, ha sido históricamente incapaz de generar mecanismos efectivos para incorporar a su inmensa masa de población productiva a la economía formal. Si a esto le sumamos la enorme desigualdad social que prevalece a lo largo del país y el hecho de que, para tratar de combatirla, el Estado ha intervenido mediante programas sociales masivos, tenemos ante nosotros un panorama bastante complicado.

La irrupción de la pandemia de coronavirus en México asoma, luego de un 2019 bastante agrio en términos económicos, un importante déficit fiscal; es decir, que el gobierno no genera suficientes ingresos (impuestos) para cubrir todas sus erogaciones (gastos). Dentro de las múltiples razones por las cuales los gobiernos no han implementado más impuestos está su impopularidad entre las masas populares, así como su desdén por parte de los minoritarios, pero poderosos, grupos de empresarios; algunos de los cuales, no se olvide, son conocidos por disminuir, cuando no evadir, sus responsabilidades fiscales.

Anteriormente, esto se había podido solventar, en la medida de lo posible, a través de las ganancias de empresas paraestatales como PEMEX. Sin embargo, hoy en día estas últimas están cada vez más cerca de la bancarrota y, ahora, más que generar ingresos, consumen recursos del erario. Otra forma para hacer rendir el presupuesto estatal, uno en realidad de vieja estirpe (remontándose, cuando menos, a la época de Plutarco Elías Calles), ha sido la ortodoxia fiscal; es decir, lo que el presidente Andrés Manuel López Obrador gusta de llamar la “austeridad republicana”, “hacer más con menos”.

El último medio que el gobierno mexicano ha implementado de manera habitual para generar mayores ingresos a las arcas públicas ha sido elevar o aplicar nuevos impuestos indirectos, como el IVA o el IEPS. Estos no son pagados de manera directa por los tributarios en sus declaraciones ante el SAT, sino que son implementadas a los bienes de consumo: chocolates, cervezas, etc. Dicho de manera simple, el gobierno cobra el impuesto a los productos y los productores de éstos en la mayoría de las veces pasan el cargo al consumidor. De tal manera, los huecos en las arcas públicas son llenados sin la necesidad de mejorar las condiciones laborales de los ciudadanos mediante su incorporación al mercado formal, sin ‘desincentivar’ a los empresarios y, cuando es realizado de manera gradual y estratégica, manteniendo la inflación relativamente bajo control.

De acuerdo con los mensajes desplegados durante las últimas horas por grandes plataformas digitales como Netflix, YouTube y Spotify, ha sido comunicado que, a partir del mes siguiente, 7 de junio de 2020, habrá un incremento del 16% correspondiente al IVA por el uso de sus servicios. Esto, naturalmente, ha causado gran descontento entre los usuarios de las redes sociales. Muchos de ellos han reprobado tal medida en vista del panorama económico que muchos enfrentarán o, de hecho, ya están enfrentando a causa de la parálisis económica.

Sin embargo, antes de llamar abiertamente a la crítica al gobierno federal, hay que tomar en consideración las lecciones que nos ofrece el pasado. En efecto, los problemas de déficit fiscal preceden la administración lopezobradorista y han sido paliadas con la implementación de este mismo sistema de tributación indirecta.

No está de más recordar que la creación del IVA fue en 1980, bajo la administración de López-Portillo, en un contexto donde el petróleo probaba ser cada vez menos rentable (y en este caso, con resultados catastróficos) y la población no se había incorporado al mercado formal como se esperaba. Durante la época de Miguel de la Madrid, el IVA subió de 10 al 15%, la administración de Salinas de Gortari lo disminuyó de nuevo al 10% y, finalmente, Zedillo lo dejó en 15%. Después de múltiples intentos fallidos de reformar integralmente el sistema fiscal, desde los años 2000 las medidas para aumentar la recaudación pública han recaído en el aumento paulatino de este y otros impuestos indirectos.

Como se puede ver, los incrementos a impuestos indirectos como el IVA han tratado de paliar de manera superficial un endeble sistema fiscal que, apoyemos a la 4T o no, efectivamente precede la administración lopezobradorista, aunque tampoco se puede decir que ésta se haya lanzado con determinación a solucionarlo de raíz. Lo cierto es que esta medida, desagradable para todos, devela un problema mucho más grande: a los ricos no les gusta pagar impuestos y los pobres primero tienen que dejar de serlo para poder pagarlos.

Es necesario dejar de pensar que los impuestos son por naturaleza malos. Recaudados y gastados de manera transparente e inteligente, los impuestos son la herramienta que tiene el Estado para tratar de remediar la gigantesca desigualdad social. Pero no nos engañemos: México aún no está ahí. Ni es lo suficientemente transparente, ni parece gastar de manera inteligente (si no, no invertiría en obras destinadas al fracaso, como Dos Bocas o las universidades Benito Juárez).

Así que, mientras no estemos en condiciones de implementar una reforma fiscal de fondo, el aumento al IVA seguirá siendo una medida superficial que prolonga un problema que nos precede, al menos, cuarenta años. Aumentar el impuesto al valor agregado de los servicios digitales será poner una “curita” a una herida que requiere de cuidados intensivos.

Eduardo Ángel Cruz

https://twitter.com/MonedaDe3Pesos

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