Si me va a matar, que sea frente a palacio. Y allí la mató. Marisela Escobedo no conoció la justicia

Coahuila, 16 de diciembre (Vanguardia/EFE).– A Marisela Escobedo la asesinaron a las afueras del Palacio de Gobierno de Chihuahua el 16 de diciembre de 2010 mientras realizaba una sentada exigiendo que el asesino de su hija fuera llevado ante la justicia, el exgobernador Cesar Duarte, ahora detenido en Estados Unidos, acababa de tomar posesión.



Los propio guardias del Gobernador cerraron las puertas del recinto cuando quiso ingresar al ser perseguida por su asesino.


Tras 10 años, la causa por la que luchaba sigue impune, al igual que su asesinato.


A principios de noviembre, el Presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, dijo en su conferencia de prensa diaria que el caso Escobedo “debe permanecer abierto” y ser examinado por su administración, un hecho importante después de años en los que las autoridades locales mantuvieron que el caso estaba cerrado.


Estas declaraciones ocurrieron días después de que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) informara al Estado mexicano que tenía tres meses para enviar a la comisión sus observaciones sobre los casos de Escobedo y su hija Rubí, un primer paso mientras la CIDH delibera si debe admitir el caso.

El impulso para revisar el caso Escobedo, que es emblemático de muchas de las crisis más desconcertantes que enfrenta el país, no podría llegar en un momento más delicado para el Gobierno mexicano.

Con información de: Sin embargo

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