UN LUGAR DONDE TODOS SUEÑAN SER NARCOTRAFICANTES

En Chiapas, Benemérito de las Américas siempre fue un municipio violento, machista, misógino, ignorante y pobre, pero también feminicida.

Los ideales y quimeras de quienes ahí viven están muy alejados de una conquista deportiva, de una medalla olímpica o de alcanzar un puesto en la NASA.



Es un lugar donde los jóvenes sueñan con ser narcotraficantes.

La gente admira al "Chapo" Guzmán, más que a Zapata, Gandhy, Pablo Milanés o Silvio Rodríguez.


En Benemérito se burlan de los policías, el ejército y las autoridades pero enaltecen a sus delincuentes (todos saben quiénes son y lo que hacen).

Tienen como himno el corrido "Frontera verde", ese que dice "Soy de la frontera verde donde se oyen los rugidos a veces de los jaguares o de los cuernos de chivo..."


En Benemérito no hay seguridad.

Las policías locales están rebasados y los cuerpos federales prácticamente son inexistentes. ¿La Guardia Nacional? Ni pintada.

Yuli Davei Mayo Hernández, de aquel lugar, escribió parte de estas líneas e íntegramente las siguientes:

Hoy vino a mi mente el por qué me fui de ahí a la primera oportunidad que tuve, pues desperté con la horrible noticia de un posible feminicidio de una compañera de la prepa, una joven brillante a quien anoche le arrebataron la vida de forma violenta en el ejido Roberto Barrios, municipio de Benemérito de las Américas. Lili Moreno tenía una vida entera por delante, tenía tanta energía y entusiasmo, todos los que la conocíamos sabemos que era una persona increíble. Ante esta pérdida sólo queda pedir justicia para Lili, que no se haga costumbre en Benemérito dejar los feminicidios impunes, pues en los primeros días de enero la niña Sulmi, de 14 años, también fue víctima de un feminicidio y hasta donde sé no se dio con los responsables, pues hace tantos años que la justicia no pasa por Benemérito. Descansa en paz Lili, mucha luz en tu camino. #JusticiaparaLili”.

Y a mis recuerdos vienen que el esposo de Doris Rojas es de Benemérito de las Américas.


El hombre que, abusando de su fuerza, la violentó físicamente durante varios años; el macho que la ha venido torturando psicológicamente; el tipo que paga a un desconocido de acento norteño para seguirle los pasos a donde ella vaya.

Viene a mi mente el nombre de Porfirio Arreola, el hombre que le hizo cuatro disparos a Doris Rojas, el mismo que le aventó una camioneta, el monstruo que la violó el primer día de estar juntos y continuó haciéndolo durante años, el mismo que le niega los sagrados alimentos a sus hijas e hijo.


Porque de allá es y allá se refugia. Él también canta y chifla “Soy de la frontera verde donde se oyen los rugidos a veces de los jaguares o de los cuernos de chivo”.


¿Ustedes creen que se aplique la justicia a este hombre que acumula más de diez carpetas de investigación en su contra y se pasea tan campante, con un arma de fuego en el cinto? No, ¿verdad?

Y la última vez que Doris acudió a ese lugar para solicitarle colaboración a la Fiscalía de Benemérito, ocurrió algo raro: las empleadas de la empresa Oleopalma no le querían recibir el oficio. ¿Qué significa recibirlo? Recibir dos tantos del documento, ponerles firma y sello con la hora y el día de recibido, quedarse con uno y devolver el otro. Eso es todo, pero no se lo querían recibir. Un escrito que no contiene balas asesinas; las balas las tienen aquellos que cantan: “Soy de la frontera verde donde se oyen los rugidos a veces de los jaguares o de los cuernos de chivo”, entre ellos Porfirio.


El Fiscal del Ministerio Público que la acompañó, por cierto, se extrañó que Doris dijera que ahí nació, o que ahí vivió y ahí se casó, porque en ese lugar no hay denuncias de violencia familiar y casi de nada. Y su respuesta fue: “No hay denuncias de violencia familiar, fiscal, porque las mujeres no se atreven, porque antes de salir de su casa y acudir al ministerio público les ponen la pistola en la sien, o bien, quien lo logra hacerlo, llegando ahí el fiscal del Ministerio Público se vende al mejor postor; usted y yo sabemos que aquí en Benemérito no hay fiscalía, aquí el ministerio no es público, es privado, y solamente es para quien paga. Qué triste y qué lamentable; por eso es que no tiene carpetas de violencia familiar, porque aquí el ministerio público es inexistente, aquí quienes mandan son los jefes del pueblo, los hombres machistas, misóginos, no porque no haya violencia en Benemérito sino porque se venden los fiscales o bien las mujeres le tienen terror a sus maridos porque les ponen las pistolas en la sien o las balacean”.


Y, en cambio, los agentes del ministerio público de la Fiscalía Fronterizo Sierra se muestran tan amigables, tan reverentes y educados con el acusado.

Y algunos de sus funcionarios, los de más arriba, hasta reciben depósitos bancarios del hombre quien, después de muchos años y tantas veces de ser exhibido como una persona violenta y peligrosa, por fin ha sido vinculado a proceso de investigación penal, y en dos ocasiones.

Doris Rojas Pérez la tiene difícil. Camina cuesta arriba. No sólo se las ve negras para pagar la renta y darle de comer a sus dos hijas e hijo, se las ve todavía peor en los procesos penales entablados por ella misma contra su marido violento.

Los fiscales del ministerio público no lo quieren investigar sino ponerle incienso y hasta bailarle un tango. Ya se sabe: con dinero baila el perro.


Por si fuera poco el Poder Judicial de Chiapas usa al COVID-19 como argumento para dejar las causas penales en “stand-by”, durmiendo el sueño de los justos y ya no hay términos ni fechas fatales. Los tres meses de investigación pueden convertirse en seis, en 9, en un año o más.


Por eso coincido con Yuli Davei Mayo Hernández y juntos exigimos

Jusiticia para Lili Moreno

Justicia para la niña Sulmi, de 14 años, también víctima de feminicidio.

Justicia para Doris Rojas, sus hijas y su hijo.

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